A 44 años de la Guerra de Malvinas: el cine como herramienta para mantener viva la memoria

Cada 2 de abril, en el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, Argentina vuelve a detenerse para recordar uno de los episodios más significativos de su historia reciente. A 44 años de la Guerra de Malvinas, la memoria no solo se construye a partir de la conmemoración, sino también desde las formas en que esa historia se narra, se transmite y se resignifica en el presente.

En un contexto atravesado por la sobreinformación, la inmediatez y nuevas formas de consumo cultural, el desafío no es únicamente mantener vivo el recuerdo, sino también encontrar lenguajes capaces de interpelar a nuevas generaciones sin perder profundidad ni rigurosidad histórica.

En ese marco, desde Portal Universidad se dialogó con el cineasta marplatense y docente de la Universidad Nacional de Mar del Plata, Miguel Monforte, quien trabajo sobre la temática a través de documentales y producciones audiovisuales. Con una trayectoria sostenida en el registro de testimonios y en la reconstrucción de historias vinculadas a Malvinas, su mirada permite pensar el cine no solo como un recurso narrativo, sino como una herramienta clave en la construcción de memoria colectiva.

El cine como registro irrepetible de la memoria

Uno de los aspectos centrales que destaca Monforte es el valor del presente como momento único para documentar la experiencia de quienes atravesaron la guerra. A diferencia de otros hechos históricos más lejanos en el tiempo, Malvinas todavía cuenta con protagonistas directos que pueden dar testimonio.

En ese sentido, señaló: “La gran mayoría de las personas que han atravesado la guerra, tanto soldados como familiares e inclusive especialistas, están vivas. Eso permite lograr testimonios de primera mano, algo que dentro de algunos años ya no va a ser posible. Por lo tanto, las obras que se hagan en el futuro, sin la participación directa de quienes vivieron la guerra, van a tener otras características”.

Lejos de ser un dato menor, esta condición le otorga al audiovisual una responsabilidad particular. “Lo fundamental hoy es el registro en primera persona para transmitir un suceso histórico tan importante como la única guerra que tuvimos en el siglo pasado”, remarcó.

A esa dimensión documental se suma otra característica propia del cine: su capacidad de generar una experiencia emocional que conecta al espectador con los hechos narrados. En un escenario donde la circulación de información es constante y muchas veces superficial, el realizador considera que el audiovisual conserva una potencia singular.

“El cine aporta una verosimilitud que todavía no han logrado otras expresiones. Aun en tiempos de saturación, descreimiento o noticias falsas, los abordajes sobre Malvinas siguen siendo mirados con mucho respeto”, sostuvo. Esa confianza social, agregó, implica también una exigencia: “Hay que tener mucho cuidado, mucho respeto y mucha investigación al trabajar sobre este tema”.

Historias que reconstruyen identidad y duelo

Esa concepción del cine como herramienta de memoria se traduce en sus propias producciones, donde la guerra es abordada desde historias particulares atravesadas por la identidad, el duelo y la memoria.

En No me olvides, Monforte reconstruye la historia de un joven soldado caído en combate cuya identidad no pudo ser establecida al momento de su muerte. A partir de allí, el relato sigue el recorrido de un conscripto argentino y un oficial británico que, con el paso de los años, logran dejar de lado las diferencias propias del conflicto para colaborar en la identificación de los restos y permitir que la familia pueda cerrar su duelo. Inspirada en el trabajo humanitario de Julio Aro y Geoffrey Cardozo, la obra pone el foco en los procesos de restitución de identidad de los caídos en Malvinas y en la posibilidad de reconstruir historias que habían quedado inconclusas.

Este cortometraje contó con la producción de Canal Universidad, dependiente de la Universidad Nacional de Mar del Plata, la Plataforma Nacional Audiovisual Universitaria, Mundo U, y del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN).

En la misma línea, en Los sueños de Elma. Historia de una madre de Malvinas, el realizador aborda la historia de Elma Pelozo, madre de un soldado que fue enterrado durante décadas como “Soldado argentino solo conocido por Dios”.

A partir del trabajo impulsado por excombatientes, su hijo pudo ser identificado 37 años después, lo que permitió no solo recuperar su identidad, sino también resignificar el duelo familiar. El documental acompaña ese proceso y el deseo de la madre de viajar a las islas, conocer la tumba de su hijo y encontrarse con quien le dio sepultura, en un relato atravesado por el dolor, pero también por la posibilidad de transformar esa experiencia en memoria.

Se trata de relatos donde el dolor no desaparece, pero puede transformarse. Historias que muestran que, incluso después de la guerra, existen caminos posibles para reconstruir la memoria desde una perspectiva profundamente humana.

El desafío ético de narrar y el vínculo con las nuevas generaciones

Trabajar con estos testimonios implica, para Monforte, asumir un compromiso que excede lo narrativo. La cámara no es un dispositivo neutral, sino una herramienta que puede impactar en quienes brindan su relato.

“Cuando uno llega a entrevistar a alguien, esa persona sufre una transformación y hay que dejarla tal cual se la encontró”, advirtió. En esa línea, fue contundente: “Remover sucesos dolorosos para beneficio del documental, sin poder manejar bien emocionalmente esas situaciones, es una falta de respeto. Aun cuando la obra audiovisual sea buena, se puede generar un gran daño si no se trabaja con cuidado”.

Al mismo tiempo, el realizador plantea la necesidad de repensar las formas de narrar para que la historia de Malvinas llegue a quienes no la vivieron. En un contexto donde los consumos culturales son más fragmentados y dinámicos, aparece una tensión entre la adaptación del lenguaje y la profundidad del contenido.

“El cine tiene una gran responsabilidad para acercar Malvinas a los jóvenes. El desafío es encontrar una narrativa moderna sin faltarle el respeto al tema. Muchas veces estamos más preocupados por captar un público que por hacerle llegar el mensaje adecuado”, sostuvo. En ese sentido, subrayó la importancia de construir mensajes claros y profundos, más allá del formato: “El emisor tiene que tener en claro quién es su receptor y lograr que el mensaje tenga claridad y profundidad, incluso adaptándose a distintos relatos”.

Finalmente, y en una fecha cargada de sentido como el 2 de abril, Monforte propone ampliar la mirada más allá de la efeméride. “Para mí Malvinas es todo el año. Está bien que en esta fecha haya mayor visibilidad, pero también hay que superar esa lógica. Si no, el tema se pierde en una especie de ‘supermercado de información’ y no se trabaja con la profundidad necesaria durante el resto del año”.

En ese llamado a sostener la memoria en el tiempo, el cine se consolida como una herramienta fundamental: no solo para recordar lo ocurrido, sino para preservar las voces de quienes lo vivieron y construir, a partir de ellas, una memoria colectiva que pueda proyectarse hacia el futuro.

Fuente: portaluniversidad

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