Con apenas 19 años, Lautaro Magnani, conocido como Yireh, pasó de crear videos de humor desde su casa a construir una comunidad de millones de seguidores y formar parte de En el barro, producción de Netflix y Telemundo. Detrás de su crecimiento hay una historia de esfuerzo, una infancia humilde y una motivación que tiene nombre propio: su mamá.
Lautaro nació y creció en Mar del Plata, muy lejos de los escenarios y las grandes producciones. Su mamá lo tuvo a los 17 años y tuvo que dejar el secundario para salir adelante prácticamente sola, sin hermanos ni el apoyo de sus padres. Desde muy joven tuvo que asumir grandes responsabilidades y trabajar incansablemente para darle a su hijo un futuro mejor.
Durante sus primeros años vivieron en condiciones muy humildes. Una casa que se llovía, dificultades económicas y momentos en los que incluso tenían que bañarse con baldes. Sin embargo, Lautaro recuerda esa etapa sin resentimiento:
«Tuve una infancia feliz dentro de las circunstancias que me tocaron vivir. Aprendí muchísimo desde muy chico y hoy trato de rescatar todo lo positivo de cada experiencia».
Las redes sociales aparecieron como un entretenimiento, pero pronto se convirtieron en su trabajo. A través de videos de humor y contenido cotidiano, construyó una comunidad que hoy supera los 1,4 millones de seguidores en TikTok y los 300 mil en Instagram, convirtiéndose en uno de los creadores marplatenses con mayor alcance digital.
«Cuando empecé a generar dinero con las redes me di cuenta de que esto podía cambiar mi vida. Ahí dejé de verlo solamente como una diversión y empecé a tomarlo como un trabajo».
Pero detrás de cada logro hay una motivación más profunda
«Mi mamá es mi motor. Hizo sacrificios enormes y se puso la familia al hombro. Siempre tuve el sueño de que algún día me fuera bien para poder devolverle, aunque sea un poquito, todo lo que hizo por mí. Verla feliz es lo que más me llena».
Ese sueño tuvo uno de sus momentos más emocionantes cuando recibió la noticia de que formaría parte de En el barro.
«Cuando se lo conté, mi mamá estuvo un día entero llorando de felicidad. No hay nada en el mundo que tenga más valor para mí que verla así. Ese momento me lo voy a llevar para siempre».
Tener una claqueta de Netflix en las manos fue encontrarse cara a cara con uno de los sueños que tenía desde chico.
«Me emocioné, sentí orgullo y pensé en todo el esfuerzo que hice para llegar hasta acá. Por un momento me imaginé al Lautaro de chiquito mirándome y pensé: estaría orgulloso de esto. Era uno de mis sueños y hoy es un objetivo cumplido».
Hoy, mientras desarrolla su carrera como creador de contenido y empieza a abrirse camino en la actuación, no se olvida de dónde empezó todo.
«Mar del Plata tiene muchísimo talento. Quiero que los chicos de mi ciudad sepan que no hace falta nacer en Buenos Aires para llegar a lugares importantes. Desde acá también se puede soñar en grande».
Su historia no es solo la de un joven que pasó de hacer videos en su casa a llegar a Netflix. Es también la de una madre que fue mamá siendo adolescente, que nunca dejó de luchar y que hoy ve cómo su hijo empieza a cumplir sueños que alguna vez parecían lejanos.
Porque para Lautaro, llegar lejos nunca fue solo una cuestión de éxito. Fue también una promesa silenciosa: algún día poder devolverle a mamá un poquito de todo lo que ella hizo por él.
Y aunque hoy su nombre comienza a llegar a pantallas internacionales, hay algo que nunca va a cambiar: sus raíces están en Mar del Plata, la ciudad donde empezó todo.





