El obispo diocesano, monseñor Ernesto Giobando, se hizo presente en la Alcaidía Penitenciaria N° 44 y en la Unidad N° 50 del Complejo Penitenciario de Batán, donde fue recibido por las autoridades de cada establecimiento, junto a los capellanes que acompañan de manera habitual la pastoral con las personas privadas de su libertad.
En el marco de la Semana Santa, el Obispo presidió la Eucaristía, y llevó el mensaje de la Semana Santa realizando además los gestos propios de la liturgia de esos días. En ese contexto, bendijo los ramos y repitió el gesto de Jesús en la Última Cena, lavando los pies a varios internos y a personal penitenciario.
La celebración contó con la participación de agentes penitenciarios, miembros de la pastoral carcelaria y personas alojadas en las unidades, generando un clima de recogimiento y fraternidad. Durante la homilía, el Obispo destacó que este gesto expresa que “nadie queda excluido del amor de Dios” y que, incluso en medio de situaciones difíciles, siempre es posible comenzar de nuevo.
Asimismo, animó a los presentes a vivir este tiempo como una oportunidad de reconciliación, recordando que «el Señor se acerca a cada persona sin distinciones», a la vez que los invitó a «renovar la esperanza» y a «vivir en Cristo una vida nueva».
De este modo, la Iglesia diocesana se hizo presente una vez más en el ámbito carcelario, acompañando a quienes atraviesan la experiencia del encierro, especialmente en estos días centrales de la Semana Santa.

