Emitieron un duro comunicado tras el cierre del Coro de Niños de la Universidad Nacional de Mar del Plata, donde resaltan: «En momentos en que todo el país se conturba por gritos de venganza, de guerra y furor, tal vez pierda relevancia este acto de destrucción de una institución infantil de larga y fructífera trayectoria».
El comunicado
Cuando las gestiones tienen un buen propósito se integran y mejoran. Aquí la Universidad procura argumentar la desaparición del Coro de Niños con la creación de “otros” Coros y orquestas en los barrios. Si se trata de integrar a distintos sectores de la ciudad, eso es lo que he visto hacer al Coro de Niños de la Universidad desde siempre, ya que al Coro han concurrido niños de todos los barrios y lugares de la ciudad y aledaños como Santa Clara del Mar y Chapadmalal, y de todos los niveles socioeconómicos, sin distinción del territorio en el que a cada niño le ha tocado crecer, vivir, y educarse. Todo ello sin “organizar” ni “instalar” guetos o suburbios marginados para desestimar o calificar su condición. En esta gestión de la Universidad hay individuos que se creen aptos para todo, como si la “buena intención” salvara la incompetencia.
Un argumento esgrimido por la Universidad a algunos medios de prensa, que causa asombro debido a su absoluta mendacidad e incompetencia es la excusa que «una de las directoras se jubilaba”. La directora a que aluden se halla jubilada desde el año 2008 y por no ser incompatible la jubilación docente con un cargo docente, la Universidad admitió esa situación durante 15 años, y además desde hace dos años la había contratado cono tercerizada por lo tanto el tema “jubilatorio” se transforma en una vergonzosa y escandalosa mentira para justificar un acto de gobierno, o ¿Pretende la Universidad de Mar del Plata asumir funciones legislativas?
Flaubert ha contado en páginas eternas la historia de dos mediocres que ensayan lo ensayable; Bouvard y Pécuchet . Nada hacen bien, pero a nada renuncian. Ellos pueblan las mediocracias; son funcionarios de cualquier función, creyéndose órganos valederos para las más contradictorias acciones.
En momentos en que “todo el país se conturba por gritos de venganza, de guerra y furor”, tal vez pierda relevancia este acto de destrucción de una institución infantil como el Coro de Niños de la Universidad de larga y fructífera trayectoria. Pero queda la esperanza que otros signos venideros puedan restaurar la vida pacífica y creativa de nuestra patria, de nuestra ciudad y de la Universidad, ya que hoy la crueldad y la brutalidad de los autoritarios vuelven con otras formas, pero con acciones similares nuevamente a nuestro país. Ya pasó con la última dictadura que cerró carreras e instituciones dentro de la Universidad de Mar del Plata que por suerte fueron restituidas cuando la razón se impuso a la barbarie. Esperemos que nuevamente la sociedad, tal como sucedió luego de la última dictadura, imponga justo castigo a los improvisados que generan acciones destructivas sin razón y sin justicia.
